sábado, 30 de julio de 2016

Escribir con miedo

María Frisa escribió una serie de libros. Yo me reí al leerlos. Mi hijo se rio al leerlos, como se rio leyendo los de Pablo Diablo, a Roald Dahl... (cómo nos gustan los personajes subversivos –Guillermo el Travieso, Pablo Diablo, Pippi, los libros de Walliams, los de Roald Dahl...– cuando los ilustra Tony Ross, cuando los ilustra Quentin Blake).
No somos un par de abusones mi hijo y yo, más bien diría que al contrario. Ni machistas. Aunque mi hijo se sonrojó ante el librero cuando fui con él a pagar Todos deberíamos ser feministas. Igual ha leído demasiada Frisa.
En fin.
Un youtuber leyó un fragmento de un libro de María Frisa y no se rio. Igual se pensó que iban en serio, como los de After. Se lo tomó tan en serio que no le bastó con cerrar el libro y dejar de leerlo, o recomendar su no lectura o una lectura crítica, no. Él quiso prevenir al mundo de que si leían esos libros, los niños –esos pequeños moralistas, esos seres que conocen la ironía y el sarcasmo desde los 6 años (aunque parece que luego no todos lo recuerdan)– se volverían unos acosadores y unos machistas. Bueno, él asumió ¿machistamente? que estos libros solo los leían las niñas. El caso es que inició una campaña en las redes y mucha gente –gente que pude ser yo, como tan bien explica Lea Vélez– se subió "a los carros justicieros" sin haber leído el libro, sin saber muy bien dónde puñetas iban. Aunque este carro sí parecía tener bastante bien marcado el destino a la hoguera. Por el camino –qué ironía– acosaron a la autora.
Leo y escribo para niños; yo aún escribo para niños. Me encanta hacerlo. Siento en cada falange la enorme responsabilidad que conlleva. Me pienso cada palabra que les doy. Lo he contado más de una vez, a veces en torno a circunstancias que acabaron en la retirada de libros.
Hace más de medio año la que me retiré fui yo. Me retiré voluntariamente de las redes sociales. Entre otras cosas, porque me perturbaban tanto ruido y ese ambiente propicio para el linchamiento. Y así no se puede escribir. No se puede escribir con miedo. Acabaríamos escribiendo sobre niños a los que les huele el pis a vainilla, dibujando pajaritos, agradeciendo y no quejándonos cuando los benditos editores intentan anticiparse a la censura de los meapilas, comprando por kilos papel de fumar.
Me tomo el humor, la literatura infantil y a los niños muy en serio. Por eso he salido de mi cueva a decir esto. Por eso vuelvo a mi cueva. Porque quiero escribir responsable y libre, desde el silencio y sin más autocensura que la que me impongan mi coquetería y mi deseo de no hacer daño a la gente que quiero; como Iñaki Uriarte, pero para niños.

Por eso, porque vuelvo a la cueva, –lo siento– no responderé a los comentarios. Pero ustedes comenten y debatan lo que quieran, que esta es mi casa, pero mientras siga abierta, están todos invitados a opinar como les plazca, a favor o en contra. Faltaría más. 

Recupero esta imagen donde aparecemos María Frisa (medio tapada por mi garra) y servidora muy bien rodeadas. Ese día –qué cosas– salíamos de una mesa redonda sobre si había libros para niños y libros para niñas. Debatimos, pensamos, nos hicieron pensar, nos reímos... esas cosas tan bonitas que a veces –sí, lo sé– también suceden en las redes.

sábado, 9 de enero de 2016

Certificado de defunción (R.I.P.)

–Pues tú dirás, Grissom.
–¿Qué quieres que te cuente, limeña?
–Lo del cadáver.
–¿Qué cadáver? ¿Dónde?
–Aquí. ¿No lo ves?
–¿¿Este blog?? Vamos, no me jodas, Sara. ¿Ahora voy a tener que andar certificando la muerte de cada blog y averiguando la causa de su fallecimiento? Como si no tuviéramos suficientes cadáveres. Además, ¿de este no debería ocuparse Horatio? ¿No tenía la víctima no sé qué conexión con Miami? ¿Y no se fue a vivir a Irlanda?
–¿Y eso qué tiene que ver con Horatio?
–Es pelirrojo, ¿no?
–¿Y?
–....
–Bueno, ¿qué? ¿Está muerto o no está muerto?
–Tú dirás. En una de las últimas entradas, la Oro prometió dar cinco razones para no sé qué y hacer un post de cada una. ¿Sabes cuál es el último post? El de la tercera razón. Además, parece ser que luego acudió a unas jornadas de literatura juvenil y ni escribió una crónica luego, con lo que le pirran esas cosas. Por no mencionar que cada año, allá por diciembre o enero, aparecían una o varias entradas dedicadas a felicitar la Navidad, el año nuevo o los Reyes, y este año, nasti de plasti.
–Bueno, ¿y entonces?
–Este blog está muerto y matado.
–¿Y de qué ha muerto?
–De vida.
–¿Lo pongo así en el informe?
–...
–¡Mira! Aquí hay restos de sangre.
–Es verdad.
–¿Sufrió?
–Lo normal.
–Claro. ¿Qué es un blog? Un frenesí. ¿Qué es un blog? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor blog es pequeño: que todo blog es sueño, y los sueños, sueños son.
–Tira, Segismunda. Aquí no hay nada que hacer.
–¡Espera!
–¿Qué?
–¿Dejó algún mensaje?
–Mmmh. Espera que busque... Sí, mira. Aquí hay un papelucho.
–Es un sobre abierto con el logotipo de Bord Gáis Energy.
–Sí, pero hay algo escrito a mano.
–Típico de la víctima. ¿Qué pone? ¿Qué pone?
–Pone: "Gracias por haber venido. Fue bonito mientras duró."
–¿Nada más? ¿Nada mejor?
–Nada.
–Pues sí que...
–No se lo tengas en cuenta. No es fácil despedirse.
–No, no lo es.
–...
–...
–Por cierto... Me tengo que ir.
–Tira, tira. Vete.
–Eeeeh... Chao, chao, Colacao.
–No, si ya lo decía yo...

Este blog falleció en un momento que ni miembros destacados de la policía científica han sido capaces de precisar.
Descanse en paz.

En la imagen, de Amanda Thomsen: La Oro has left the building.

martes, 15 de diciembre de 2015

5 razones (III): para ver debates de verdad

A estas alturas les imagino hartos y escépticos ante titulares como "el debate definitivo" y supongo que jurar que lo que verán en las jornadas bookfever de Caixaforum será más apasionante que el Cara a cara de ayer tiene menos valor que dos de cada tres promesas electorales. Pero es que en el auditorio de Caixaforum, en las jornadas de Bookfever, sí se verán debates de verdad. Está, el viernes 18 por la mañana (completo, o casi, me temo), el debate sobre formatos de narrativa y por la tarde, el debate definitivo sobre crítica de literatura juvenil. Se han dicho por aquí y por allá muchas cosas sobre los booktubers, los blogueros literarios, la crítica tradicional, pero se han dicho muy pocas a la cara, y en estas jornadas vamos a tener sentadas a personas jóvenes y no tan jóvenes, pro-booktubers y no tan pro-booktubers, filólogas y no filólogas... y vamos a intentar avanzar en esto, tanto es así, lo de intentar avanzar, que antes de la mesa redonda se ofrece un taller de vídeo-reseñas (casi completo; corran) a cargo de Nerea Marco y Sebas G. Mouret, porque la idea es que de estas jornadas salgan más y mejores lectores, mediadores, críticos... Eso, el viernes por la tarde. Y el sábado 19 voy a intentar moderar a tres seres maravillosos e indomeñables que van a compartir con ustedes sus secretos para llegar del tener que leer al querer leer. Me consta que saben el camino porque lo he vivido en mis cada vez más cuantiosas carnes (es lo que tiene una dieta irlandesa a patatas). Aunque los adoro, me encantaría que entre el público hubiera algún alumno que les pusiera en apuros. (Es solo una idea.)
Y después del debate, o durante, tuiter mediante, pues oiga, como en esto de la campaña, las risas, porque, como decía Peret, es preferible reír que llorar. Pero eso ya se lo cuento mañana.

En la imagen: Nerea Marco diciendo a Javier Ruescas "No nos haremos daño, ¿verdad?" justo antes de entrar en la mesa redonda del viernes por la tarde.

lunes, 14 de diciembre de 2015

5 razones (II): ¡aprendizaje y diversión garantizados!

Acudir a las jornadas Bookfever, como la fama, cuesta. Literalmente.  Ir solo el viernes 18 de diciembre le costará 4 euros (2 si es cliente de La Caixa); ir el sábado 19, lo mismo; pero si va los dos días, puede comprar el abono completo por 6 euros (3 si es cliente de La Caixa).
Pagar por asistir a un evento cultural. Estamos todo locos. ¿O no? Las conferencias que se ofrecen habitualmente en Caixaforum tienen su precio. En Alemania la gente lleva años pagando por asistir a presentaciones de libros... Y esto no es una presentación de libros. Esto se va a parecer más a asistir a un combate y los de la WWE andan en torno a los 70 euros. Me encantaría meterme en el frondoso y bonito jardín que se abre ante mí, ese que habla de la cultura gratis, de Machado y aquello de los tontos, los necios, el valor, el precio... y todo lo demás, pero ni usted ni yo andamos sobrados de tiempo, así que solo le diré una cosa:
si viene a las jornadas bookfever y no queda satisfecho,
le devolvemos su dinero.
 Lo digo completamente en serio, usted nos busca y le damos sus 2, 3, 4 o 6 euros.
Así de seguros estamos de todo lo que se va a llevar de estas jornadas: la risa, las ganas, las nuevas ideas, las referencias, los títulos por leer, la sabiduría de los ponentes...
¿Lo ve? No tiene nada que perder. Y por eso mismo, no puede perderse estas jornadas (este enlace lleva, por supuesto, a la página de proticketing desde donde puede comprar ya esas entradas garantizadas).

En la imagen, de Charles Harbutt, lector a punto de apoquinar los 6 euros. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

5 razones (I): y nosotros que lo veamos

Perdonen que me ponga pesada con esto. Pero es que va a ser legendario y luego no quiero que me vengan con el "cómo no me lo dijiste" y "ay, si lo hubiera sabido".
Me refiero a las jornadas Bookfever que se celebrarán en Caixaforum Zaragoza el 18 y 19 de diciembre.
Les daría mil razones pero voy a dejarlo en cinco, cinco razones por las que no deben perdérselo.
La primera es –el mundo al revés– para que nosotros no nos perdamos su presencia. Miren, desde los primeros borradores del programa, este invento que hemos preparado con tanto amor y entusiasmo Juan Bolea, David Lozano y servidora con apoyo de La Caixa, ha ido mutando y se parece al proyecto original como una novela de Stephen King a un poema de Rubén Darío, pero si algo ha permanecido inalterable borrador tras borrador ha sido el deseo de hacer de estas jornadas un punto de encuentro. ¿Encuentro con quién? Con jóvenes lectoras e incluso lectores, con escritores, con blogueros, booktubers, personas interesadas en la lectura, en la literatura, en la narración, profesores, bibliotecarios, editores, investigadores, padres, madres, hijos, hijas... Encuentro contigo.
Ven (permíteme que te tutee). Ven a lucirte. Si eres lector, ven con nosotros a celebrar esta fiesta del orgullo lector. No tenemos carrozas pero sí unas enormes ganas de pasarlo bien y de compartir nuestros vicios. Si eres booktuber, bloguero, escritora, si tienes un perfil en goodreads... queremos conocerte, querrás darte a conocer. Te prometemos que saldrás con más ideas, más ganas, más seguidores y más libros por leer, si es que eso es posible. Si eres profesor, queremos que presumas, con razón, de lo que haces. Si eres mediador internacional en Oriente Medio, ven a poner paz. Se va a liar una bien gorda (ya te lo explicaré bien cuando lleguemos a la tercera razón), y te necesitamos para separar a los ponentes. Si eres un broncas, ven a enzarzarte. Nuestras jornadas tratan sobre el conflicto. Este es tu hábitat natural.
No te quedes sin entrada. Consíguela aquí.
Y mañana, la segunda razón, que será –aviso– contante y sonante.

En la foto: yo, viéndote llegar a Caixaforum. (Bueno, vale, y posando para el catálogo de los amigos Graó Gayoso. Ya ves, yo no sé decir que no. No me digas tú que no vas a venir.)

jueves, 3 de diciembre de 2015

Bookfever

Ahora mismo no estoy para nadie. Pero estaré para todos ustedes, accesible como una candidata cualquiera, en unos días. ¿Dónde? Donde me ven. Y no, no es el Consejo de Administración de Telefónica, Endesa o el Banco Santander. Esa puerta giratoria no es otra que la del Caixaforum de Zaragoza. Dentro les esperan David Lozano, Gemma Lluch, Nerea Marco, Sebas G Mouret, Javier Ruescas... y más gente a la que ya sabrán que merece la pena escuchar (y si no, ya lo verán). Vienen a zurrarse unos a otros porque ahí, en el Caixaforum Zaragoza, es donde celebraremos (este plural le incluye a usted, claro) las jornadas Bookfever los días 18 y 19 de diciembre, un punto de encuentro entre lectores, autores, docentes, mediadores de todo pelaje y gentes, en fin, interesadas por lo que leen los jóvenes (que pueden ser jóvenes o no). Y digo que vienen a zurrarse porque este año las jornadas se centran en el conflicto y al formato lo llamamos "mesa redonda" y no "ring", que sería más preciso, por miedo a que La Caixa nos retirara su generoso apoyo no fuéramos a ponerle el auditorio perdido de sangre.
¿Que voy un poco fresca para esa época del año? Eso lo dicen porque no han visto los libros que te suben la temperatura.
Lo tienen todo bien explicadito—lo de los libros que te suben la temperatura, lo de cómo no quedarse sin entradas, lo de cómo ganar una tablet, lo de cómo carcajearte con las lecturas obligatorias (no se pierdan a Martín Piñol), la pelea tan prometedora sobre crítica literaria, lo de quiénes lo organizamos, lo de cómo hacer lectores (sí, se puede, y hay gente que sabe cómo, y la traemos, y si usted también sabe cómo o si es lector, queremos que nos lo cuente, que aquí el público también se zurra participa)...—, todo eso bien explicado, digo, aquí.
De momento, da gusto ver que ya hay más de cien jóvenes recomendándonos libros a través de los concursos ligados a las jornadas. A mí me sube la temperatura solo de pensarlo. Y falta que hace.

Imagen de George Hurrell.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Pasadas


Miren, yo hoy iba a desperezarme después de más de un mes de ausencia y contarles una cosa importante.
Pero he llegado de dejar al niño en el colegio y me he encontrado una foto en el grupo de wasap de "La familia es la familia" y ahora solo quiero hablar de eso. La foto es la que ven encima de estas líneas (pinchen, pinchen en la imagen). Me la ha mandado mi hermana, la misma que cuando terminó de leer el libro dijo: "Está bien.", punto final. Menos mal que además de hermanas, tengo amigos.
El niño del carrito es un libro muy importante para mí. Gracias, Pepe, por recordarme por qué. Y por pasarte. Y gracias al Heraldo Escolar por publicar esta pasada. Aún pueden leer más al respecto aquí.
Y ahora me voy a llorar un ratito.
Ya si eso, mañana les cuento esa cosa.